Los brotes de COVID-19 son comunes en fábricas, iglesias, clases de ejercicios, escuelas, campamentos, bares y restaurantes. Hay tres razones principales para estos brotes: 1) tiempo en el interior, 2) flujo de aire deficiente y 3) no usar máscaras. Cada vez que canta, habla, tose y respira, libera pequeñas partículas en el aire (aerosoles invisibles). Estos aerosoles pueden viajar más allá de los 6 pies y permanecer flotando en el aire durante horas. Esto no es un gran problema al aire libre, donde desaparecen rápidamente. Sin embargo, estos aerosoles se acumulan con el tiempo en interiores. Es por eso que las mascarillas son tan importantes para prevenir la propagación del COVID-19. Las máscaras capturan una gran cantidad de estos aerosoles tan pronto como salen de la boca. Esto limita la cantidad de virus que se emite a la habitación. Según un estudio, una mascarilla casera simple tiene aproximadamente un 50% de eficiencia, dependiendo de la tela que se use. Es probable que una mascarilla quirúrgica azul tenga una eficacia del 60-80%. Para una máxima protección, puede usar una mascarilla de tela sobre una mascarilla quirúrgica. Por sí solas, las máscaras no son una fórmula mágica. Juntos, el uso de máscaras, el distanciamiento social y el lavado de manos pueden reducir la propagación del virus. Las mascarillas también pueden ayudar a reducir la gravedad de la enfermedad. Los estudios muestran que la cantidad de virus que usted inhala está relacionada con qué tan enfermo se pone al contraer el COVID-19. Las mascarillas no siempre eliminan todo el riesgo, pero pueden reducir la cantidad de virus que ingresa a su cuerpo. En general, usar máscaras, aumentar la distancia entre las personas y mejorar el flujo de aire en el interior puede reducir efectivamente la propagación de COVID-19.

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