Sabemos que ser pobre (en países ricos) aumenta las probabilidades de ser obeso. La evidencia anterior sugiere que el índice de masa corporal (IMC) alto y la diabetes tipo 2 (T2D) están vinculados a malos resultados relacionados con el trabajo y los ingresos. Por ejemplo, las personas con un IMC alto tienen más probabilidades de faltar días de trabajo y ganar menos dinero que el promedio. Una nueva investigación muestra que lo contrario también es cierto. Si una persona está genéticamente en riesgo de ser obeso, esto puede hacer que se vuelva más pobre. En un nuevo estudio, investigadores de Europa utilizaron datos de casi medio millón de personas que contribuyeron al biobanco en el Reino Unido. Observaron la relación entre los marcadores genéticos de la obesidad y la diabetes tipo 2 (DT2) y si estaban vinculados a los ingresos del hogar y otros factores sociales, como el nivel de pobreza, el porcentaje de personas que vivían en un espacio superpoblado y el nivel educativo. Descubrieron que un IMC más alto (pero no diabetes) estaba relacionado con menores ingresos y desconexión de la sociedad. Estos nuevos hallazgos pueden deberse a una menor capacidad para trabajar, así como a mayores posibilidades de faltar al trabajo, lesiones y discriminación. Todos estos factores pueden conducir a menores oportunidades profesionales y menores ingresos. Un ingreso más bajo podría a su vez afectar el nivel de vida, llevando a las personas a vivir en lugares superpoblados en áreas que no tienen buenas escuelas o acceso a alimentos saludables. Estos hallazgos podrían sugerir nuevas formas de romper la conexión entre el IMC y la pobreza.

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