Las bebidas azucaradas (como las gaseosas/sodas/refrescos), los jugos y las bebidas deportivas se consideran azúcar líquida, que generalmente son altas en calorías y entran al cuerpo rápidamente. Debido a que son bebidas, las bebidas azucaradas generalmente significan que las personas que las beben consumen más calorías, lo que contribuye a la obesidad y al riesgo de diabetes tipo 2.

Más sobre bebidas azucaradas y diabetes

Cuando consumimos más calorías de las que necesitamos, nuestro cuerpo almacena estas calorías como grasa, lo que contribuye a la obesidad. En los Estados Unidos, la obesidad es uno de los principales factores de riesgo de diabetes, enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular. En un estudio de 2015, las bebidas azucaradas se relacionaron con 184,000 defunciones. Los jugos de frutas son algunos de los culpables más ignorados. Los jugos de frutas, incluso si son naturales, contienen azúcar líquida, que es alta en calorías y es procesada rápidamente por el cuerpo. El cuerpo tiene que liberar más insulina para reducir esta carga de azúcar. Los niveles más altos de insulina provocan resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.

A muchos latinos les encantan las bebidas azucaradas. A menudo, los niños pequeños y los bebés comienzan a tomar bebidas azucaradas a una edad temprana y continúan con este hábito hasta la edad adulta. Las bebidas azucaradas ahora contribuyen al 47% de azúcares añadidos en la dieta estadounidense. Las familias latinas pueden ayudar a reducir el riesgo de obesidad y diabetes de sus hijos al limitar las bebidas azucaradas, incluidos los jugos de frutas. La leche, el agua y el agua saborizada son opciones más saludables que pueden prevenir la muerte prematura y reducir el riesgo de diabetes.


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Foto cortesia de Pamela Lima en Unsplash